espora acuarela

spore

En un escenario de hecatombe planetaria varios años después del comienzo del fin, rallando el punto de no retorno, los científicos de los países más desarrollados, aguijoneados por la apremiante urgencia de sus dirigentes, pusieron manos a la obra en la construcción de un artefacto para salvaguardar en lo humanamente posible la supervivencia de la especie.

Ingenieros de todas las disciplinas, biólogos, químicos, programadores, médicos, sociólogos, filósofos, las mentes más preclaras de la sociedad, incluyeron su pequeña aportación al proyecto, y fueron dando forma al ingenio microscópico al que llamaron «Spore».

La espora fue en un principio guardada en un recinto ultrasecreto en el corazón del desierto de Mojave, hasta el momento de su liberación al exterior. Este momento llegó siglos después, cuando el colapso del planeta se hizo efectivo y toda forma de vida fue aniquilada. El mecanismo, llegado el momento, puso en funcionamiento el lanzamiento de un satélite artificial.

Protegida de la influencia de los rayos ultravioleta del furioso sol, y de la aún más peligrosa atmósfera de un planeta destruido, inició su exilio a un punto más allá del sistema planetario maldito y, durante eones, aguardó.

Durante eones, el interior, la superficie y la atmósfera del planeta muerto se recuperaron de las heridas. Tras la destrucción total y el caos vino la calma. Las cosas, en contra de todo pronóstico, volvieron a su cauce, creando un entorno propicio para la vida.

Y todavía mucho tiempo más duró el viaje de regreso. Atravesada la atmósfera otra vez limpia, el último sistema de protección liberó a la espora, y esta flotó. Los vientos y lluvias la llevaron a múltiples lugares, que fueron testados, registrados, valorados, en busca de un lugar más que apto, idóneo, para el renacimiento de la nueva superespecie.

Eventualmente ese lugar fue encontrado. La espora abrió su cápsula. La célula puso en marcha sus mecanismos, largo tiempo diseñados por el equipo de bioingenieros, desentrelazó sus cadenas, activó sus genes, hizo las cosas que tenía que hacer, y el nuevo ser comenzó a gestarse y a crecer.

Y continuó su crecimiento sin fin, estirando e hinchando los tejidos celulares.

Y explotó. Sin ruidos ni fanfarrias, discreta y anónimamente, explotó. Todas las esperanzas de una superespecie dominante en un planeta a estrenar, como solía decirse «a brand new planet», finalizadas y truncadas en un pedete final.

De haber quedado un último testigo, después de haber revisado cientos de miles de líneas de biocódigo, hubiese quizá encontrado la parte de código que había sido asignado al equipo de científicos de aquel pintoresco país llamado Spa?a. Y en una de las líneas de código, una sentencia que dice

if (growing == ok) then {

call eh Manolo, mira mi mago de nivel 8 el spell que ha lanzado en toda la boca al mamón de tu elfo nivel 12

}