peón 4 rey

peon 4 rey

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Son las 23 horas y 50 minutos cuando la enfermera Méndez recoge su tablilla e inicia la primera ronda nocturna en el Hospital Universitario de León. En esta noche tranquila hay siete habitaciones ocupadas en la planta de paliativos, pero sólo en la 306 el Sr. Morales espera una muerte inminente, luchando obstinadamente para arrancar unos minutos más a esta vida que se escapa por momentos entre los dedos de sus arrugadas manos. La respiración del Sr. Morales es agitada, su pulso tenue, escurridizo. Los latidos de su corazón apenas producen señal eléctrica para que el monitor cardiaco dibuje una triste raya saltarina en la pantalla. Todos los órganos vitales en el interior del Sr. Morales están fallando estrepitosamente. La enfermera Méndez hace unas anotaciones en la tablilla, en la fila encabezada por la hora escribe 00:00, y continua su ronda. Se siente un poco apenada porque cree que el único familiar del Sr. Morales, su hijo, no va a llegar a tiempo de despedir a su padre. Estaba en Jerusalén cuando lo han localizado y está de viaje de vuelta. Es probable que ninguna persona conocida vaya a estar a su lado cuando llegue el momento más difícil de su vida, nadie va a llorar por él, nadie va a rezar por él. Ojala su hijo pueda llegar a tiempo.

Son las 23:59 cuando la enfermera Méndez cierra cuidadosamente la puerta de la habitación 306. Y es una lástima que no se hubiese retrasado apenas un minuto, porque cuando los relojes digitales de todos los instrumentos marcan las 00:00 aparecen dos personas sentadas a ambos lados de la cama del Sr. Morales. Uno viste un traje color blanco hueso, de buen corte y mejor tela; el otro un túnica oscura, de confección árabe y color azul oscuro casi negro, bordada con hilo de oro formando filigranas con un gusto exquisito y elegante. Hay un tablero de ajedrez sobre la cama, a los pies del enfermo moribundo, con las figuras desplegadas, listas para el combate inminente que se va a desarrollar. Los colores de las figuras se corresponden con los de los dos elegantes jugadores. Se trata de un tablero hecho a mano, de una oscura madera de ébano para los escaques negros, y otra muy clara de sicomoro para los blancos. Muchas horas se usaron para la confección de este tablero, y más aun para el tallado de las ricas figuras, en las que casi pueden distinguirse las grietas en las almenas que rodean el perímetro de las torres, casi pueden verse las abolladuras en los cascos de los peones tras mil batallas, casi puede verse el vapor que produce la respiración de los caballos, casi pueden verse… si te acercas lo suficiente. A la derecha del tablero de ajedrez hay un reloj de arena ricamente manufacturado con las más nobles maderas labradas para el armazón y un bellísimo cristal de cuarzo transparente para la ampolla. Hay un montoncito de fina arena amontonado en la mitad inferior, apenas quedan unos pocos granos en la parte superior, pero han detenido su caída, el tiempo se ha parado mientras dura la partida. No es un reloj para marcar los tiempos en la partida de ajedrez, sino que se trata de una de las herramientas de trabajo de la persona encapuchada que viste de riguroso negro.

Peón cuatro rey es una apertura clásica, avanzas el peón dos casillas y dominas en el primer movimiento la parte central del tablero, desde donde se podrán lanzar ataques muy peligrosos sobre el contrario.

Juegan blancas — P4R — pronuncia el jugador de traje blanco, que juega con las blancas. Siempre juega con las blancas y nadie lo discute, son sus piezas por naturaleza. Y el peón del rey blanco, avanza dos escaques, sin intervención de mano humana, como por propia voluntad, su mano descansa en el pomo de una espada corta, muy similar al gladio hispano.

Juegan negras — P4R — pronuncia el jugador que viste una túnica más negra que la noche, más vieja que el mundo, con una capucha que cae sobre su cabeza ocultando su cara. El peón negro avanza dos escaques y se enfrenta al blanco con una mirada fiera, sujetando un escudo redondo y otra espada corta, de hoja más curvada que la del peón blanco.

—¿De veras es necesario continuar con esto? Míralo, no puedes hacer nada más por él. Dentro de pocos minutos su corazón se parará y yo me lo llevaré conmigo. Podrías mostrar un poco de consideración y dejar que me lo lleve ya. Tengo que segar muchas más almas esta noche y mírame aquí, perdiendo mi valioso tiempo jugando una partida que sabes perdida de antemano… Si, eres un desconsiderado  — dijo la Muerte.

Juegan blancas  — A4A — Alfil cuatro alfil es otro movimiento muy adecuado para poner en juego las figuras de la fila trasera, y promover una amenaza que se extiende a ambos lados del tablero, en diagonal. — Ya hemos discutido este asunto muchas veces, Muerte. Déjame hacer mi trabajo y tu haz el tuyo. Tengo que defender y amparar a este hombre hasta su último aliento. Es lo menos que merece, ha sido un buen hombre. ¿Qué clase de ángel de la guardia sería yo si te lo entrego a la primera de cambio, sin ofrecer combate? Además su hijo tiene que estar a punto de llegar, es de vital importancia —

Hace mucho tiempo había un reino en la India que estaba en guerra con un país vecino. Debido a un error en la estrategia, que llevaba personalmente, su hijo primogénito cayó muerto en combate. El rey se sumió en una terrible depresión abandonándose a sí mismo y a su propio reino. Habiendo resultado infructuosos todos los medios para intentar aliviarlo de su pena y animarlo un poco, un sabio llamado Sisa inventó un juego que emulaba una guerra entre dos ejércitos dispuestos sobre un campo de batalla formado por 64 casillas de colores alternos, dispuesto en 8 filas y 8 columnas, y lo llamó ajedrez. Era tan ingenioso y entretenido que consiguió devolver al rey parte de su alegría por vivir, además de enseñar estrategia militar, astucia, paciencia, coraje y otras muchas virtudes que se adquieren al jugarlo. El rey, agradecido, ofreció al sabio cualquier cosa que desease, fuese lo que fuese. Sisa, de forma inocentemente calculada, planteó al rey su recompensa… ‘Me basta, mi rey, que me pagues de la siguiente forma, pido que coloques un grano de trigo en la primera casilla, dos en la segunda, cuatro en la tercera y así consecutivamente hasta la casilla 64, poniendo en cada una el doble que en la anterior.’ La codicia de Sisa salió a la luz cuando los matemáticos del rey hicieron los cálculos, llegando a la conclusión que ni sembrando toda la superficie de los reinos conocidos de la tierra, no podría pagar su deuda ni en 1000 cosechas mundiales. Pero el rey supo vengarse sutilmente, sin llegar a romper su promesa y poner en duda su honor, y mandó que para pagar la deuda de la forma más justa, el propio Sisa debería comprobar el pago exacto de la misma, contando personalmente cada uno de los granos de cada casilla, tarea que no hubiese podido cumplir ni contando 24 horas diarias todos los días no solo de su vida, sino los de varias vidas. Es una partida que podríamos decir que acabó en tablas por no poderse satisfacer ni la deuda ni la exigencia de tal comprobación.

Juegan negras — C3AD — Caballo tres alfil dama es una respuesta adecuada, el caballo tiene un movimiento desconcertante, domina un gran espacio a su alrededor y pone en seria amenaza al peón blanco del rey, indefenso en el centro del tablero. — Mira Angel, ya esperé bastante cuando aquel asunto de Sisa. El muy obstinado pretendió llevarse todo el trigo, estuvo contando granos día y noche, sin comer ni beber, hasta que intervine, tan enfrascado estaba en su absurdo empeño que ni se enteró cuando bajó la hoja de mi guadaña y segó su cabeza. — — ¿Y me dices que este moribundo ha sido un hombre bueno? No me hagas reír, mucha gente ha muerto a manos de este hombre, y aun más a manos de su estirpe, de aquellos que se llamaban caballeros. Yo estuve allí, ¿sabes?. En todas y cada una de las guerras que llevaron a oriente los caballeros templarios, yo fui quien segó sus vidas y las de muchos musulmanes. Fue agotador. Y desagradablemente sangriento.—

Juegan blancas — D3A — Dama 3 alfil es un movimiento arriesgado, poner en juego a la dama en fases tan iniciales no hace sino exponerla peligrosamente y perder oportunidades en la apertura. — Este hombre tiene una información muy importante que no puede morir con él, es de vital importancia para el mundo que esa información sea transferida a su único familiar vivo, su hijo. El advenimiento del anticristo desatará el Armageddon y sólo la intervención del Santo Grial puede evitar el fin del mundo. Solo necesita aguantar algunas horas más, hasta que el heredero venga y asuma su pesada carga. —

Juegan negras — C3AR — Caballo tres alfil rey es la respuesta más coherente, a la vez que pone en juego al segundo caballo, lleva una clara amenaza de muerta a la reina blanca, un movimiento maestro. —¿Sabes qué te digo, Angel? La verdad es que estoy cansado, llevo cosechando almas tanto tiempo… no he hecho otra cosa desde toda la eternidad, día y noche,… figuradamente, ya sabes que somos representaciones antropomórficas atemporales para que estos mortales no se vuelvan locos cuando nos ven. Si, estoy cansado. Si gano esta partida el mundo se acaba y yo seré libre, así que… juega tus piezas, es tu turno. —

Juegan blancas — DxP Jaque mate, Muerte. Estás tan obsesionada por acabar que ni te has enterado que te he dado el mate del pastor, la jugada más absurda e inesperada de este juego. Esto nos lleva al tema del Santo Grial, y a los hechos acontecidos hace mil años, cuando el antepasado de este hombre entregó su vida por la reliquia. —

Estando de cacería, el rey de un reino antiguo cuya historia está perdida en el tiempo, se encontró con un pastor que jugaba en solitario al ajedrez, moviendo alternativamente las piezas blancas y las negras. El rey, que era un fanático jugador de ajedrez, le propuso jugar una partida. Aceptó el reto el pastor y en sólo cuatro movimientos le dio mate. El rey comprendió al instante que en todas las partidas que había jugado con sus cortesanos y consejeros, estos se habían dejado vencer para adularle y ganar su favor. Entonces estalló en ira y mandó ejecutar a todos ellos.

— Oh, vaya. Me he despistado divagando con mis problemas — Muerte toca levemente la figura del rey negro, que cae sobre el tablero, a los pies de su dama, rodeado por lo más selecto de su corte. La partida ha concluido.

La enfermera Méndez entra apresuradamente acompañando a un joven de aspecto afligido y cansado tras un largo viaje con varias escalas en aeropuertos y estaciones de tren. Le conduce junto a la cama del moribundo. Ninguno de los dos se percata de la presencia de los jugadores ni del tablero de figuras desparramadas. Esto es debido a que nuestro cerebro aplica el filtro de la ceguera selectiva que nos impide ver las cosas que no entendería nuestra condición humana mortal. Esto nos salva de volvernos locos. El joven se acerca a la cara del moribundo.

— Aquí me tienes padre, estoy preparado para llevar tu carga — El reloj de arena ha reiniciado su cuenta atrás, los pocos granos de arena que quedan en la ampolla superior se deslizan sobre el montoncito que hay debajo. El hombre viejo susurra débilmente unas palabras serenas a oídos del joven, que inclina su cabeza para no perder un sólo dato y, justo cuando el último de los granos de arena atraviesan el estrecho cuello del reloj, la Muerte descarga una pesada guadaña, vieja como el mundo pero de borde tan afilado que arranca destellos en el aire que ioniza en su bajada hacia el cuello del ahora difunto, caballero desconocido.