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Jesús Salcines Serantes nació en la cama de sus abuelos en Cabárceno (Santander), en el año de Nuestro Señor de 1963.

Desde entonces ayudó a plantar un árbol frente a la Escuela Nacional de Ciudad Rodrigo (Salamanca), ha sido bendecido con tres buenos hijos y una mejor mujer y ahora, con la inquietud que le caracteriza, saca a la luz este su tercer proyecto web, con relatos, dibujos, fotografías y bobadas varias.

semper discipulus, aprendiz de todo, maestro de nada

En la actualidad me dedico a hacer análisis en un laboratorio de cromatografía. Me gusta mi trabajo, me encanta mi trabajo, pero solo para poder vivir. Creo que en realidad yo debería de haber nacido en otra época, concretamente en 1452, y haber coincidido y conocido a Leonardo. Me gustaría haber sido su discípulo. Pero no me quejo, desde 1963 he conocido a mucha gente igual de interesante, incluso más que el Maestro.

Y aún con todo, buscando una definición para mí, una síntesis breve de mis intereses, de mis inquietudes, si algún día apareciese un artículo sobre mí en Wikipedia debería decir:  analista de laboratorio, diseñador gráfico, dibujante, acuarelista, calígrafo, escritor, lector, electrónico, informático, ingeniero, soldador, maquetista, encuadernador, fotógrafo, astrónomo, aprendiz de todo y maestro de nada, semper discipulus.

Breve autobiografía

1963. Cabárceno (Santander)

escuela de cabárceno

Ahora mundialmente conocido gracias al Parque de la Naturaleza, Cabárceno era un grupo de casas desparramadas a ambos lados de una carretera que acababa arriba del pueblo y si querías irte tenías que volver por el mismo camino. Los niños nacíamos en la casa de los abuelos, en la cama de los abuelos, con el cariño de los abuelos. A los cuatro años nací de nuevo bajo las ruedas de un taxi Seat 1500. El taxista, Gerardo, se encargó llevarme a modo de ambulancia a un hospital de Santander, donde estuve aparcado una temporada indefinida borrada de mi recuerdo. Creo que desde entonces arrastro una fuerte aversión a las agujas hipodérmicas.

1970. Torrejón de Ardoz (Madrid)

torrejon de ardozDe jugar a vaqueros e indios con pistolas de palo en la higuera de Manolín (qepd) a la gran ciudad, con vaqueros e indios de verdad. Porque aquí, señores, había americanos, trabajadores de la base aérea, a razón de ocho vecinos americanos por dos vecinos de aquí. Con sus juguetes de otro mundo, sus cadillac que parecían aviones, sus aviones que salían dos a tres veces diarias de maniobras haciendo temblar todo el edificio. Aquí aprendí que los niños de distinto color y cultura somos iguales, jugamos, reimos y lloramos básicamente por los mismos motivos, lo cual no deja de ser una bonita lección. Por eso me llena de orgullo y satisfacción tener amigos de muy distintos países, como Ricardo de Argentina, Faer de Bangladesh, Kazusa de Japón, Joshua de Uganda o Ricky de Australia.

1975. Ciudad Rodrigo (Salamanca)

ciudad rodrigoCiudad Rodrigo es la perla de Salamanca. Sus vecinos de trato amable y generoso. El Parador Nacional es un castillo del siglo XIV que sólo él merece la pena tu visita. Desde las almenas a las que se accede por la típica escalera de caracol la vista es impresionante. Y toda la muralla que rodea la ciudad vieja es un atractivo poderoso para viajeros, cuánto no para un niño de 12 años con su primera bicicleta ganada a pulso a fuerza de buenas notas, pero sin llegar a la pendantería del sobresaliente alto. Aquí aprendí a subir a pinos y a murallas. El mundo a mis pies. Me costó mucho la marcha a Gijón. Salíamos en pandilla, entre semana a hacer el cafre con los chicos, los fines de semana al cine con las chicas a hacer el cafre. Gracias a las amistades que hice después en Gijón el trauma pasó rápido.

1980. Gijón (Asturias)

plaza de toros gijonUna noche a eso de la una de la madrugada sintonizo por casualidad “Esto no es Hawai”, presentado por Jesús Ordovás en Radio 3. Sonaba una maqueta de Los Nikis, los Ramones de Algete, que cantaban Ernesto te abrirá la cabeza con un tiesto. En ese preciso momento quedé abducido por la música pop española, en su mayor esplendor nunca antes (ni después) conocido, que llamaron Movida Madrileña. Que sí, que Madrid tendría su movida… pero es que era igual en todas partes, oiga, desde Vigo a Alicante. La creación del grupo fue inevitable y por él pasamos Jose Miguel, Raúl, Claudio, Jose, Joa y Emilio.

Codema.

colegio corazon de mariaPero el mayor y mejor recuerdo de Gijón es, con diferencia, del Codema. Gracias a facebook mantengo contacto casi diario con algunos de los mejores compañeros. De vez en cuando descubro a otros, como Rubén, de distinto curso. Más aún, otros que vienen de otro centro en distinta ciudad, como Paco. Entonces la vida nos reune en otro punto, en otro momento, y recordamos. Recuerdo a unos cuantos profesores que dejaron profunda huella, la mayoría; otros sólo llegaron a rozar mi espíritu y pasaron de largo, pero sería injusto decir que alguno fue malo.

1985. Colmenar Viejo, Aranjuez, Ciempozuelos (Madrid)

aranjuezServicio militar en Colmenar Viejo, CIR nº 1. Gracias a la mecanografía lo que podía haber sido un infierno se convirtió en lo más parecido a unas vacaciones pagadas. Otra oportunidad para conocer la riqueza étnica de nuestro variopinto territorio y llevar a práctica las enseñanzas básicas de supervivencia que se reducen a alejarse de las malas compañías y fomentar la amistad con las buenas personas. A veces pienso seriamente si no deberían volver a hacerlo obligatorio, por la cosa de la tolerancia y el respeto, que hoy en día escasea. Y, por supuesto, recuerdo a mis queridos capitán Gregorio, teniente Vicente y subteniente Moisés, que me trataron si no como a un hijo, casi como a un sobrino.

Aranjuez y Ciempozuelos tienen un significado especial en mi experiencia vital porque supone la independencia total de mi familia, física y económicamente. Es un punto de referencia importante en la linea de la vida. Echar a volar resultó duro por una parte pero me permitió conocer a excelentes compañeros de trabajo y de piso, especialmente a Kiko, con una filosofía de vida realmente excepcional.

1990. León

leon texan t6León supone un reposo en mi agitada vida. Hemos recorrido varias poblaciones y aun faltan otras que no he mencionado y que reservo no ya para mi biografía, sino para mis memorias, lugares mágicos como Ribadesella donde sólo estuve un año. En total he conocido casi veinte distintos domicilios. Esta movilidad ha dado como resultado, veo ahora desde la distancia, una sensación como de falta de raíces, un despiste generalizado de mi memoria, seguramente algo parecido a como debió sentirse Osiris cuando el malvado Set dispersó su cuerpo por la tierra. Aquí, en León, paramos el motor, como el viejo Texan T6.